¿A qué retos se enfrentan las parejas interculturales?

febrero 18 2018
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Encontrar el amor junto a alguien de diferente nacionalidad supone integrar y, a veces, adoptar las costumbres de la otra persona. Tres parejas interculturales relatan cómo es tener una relación donde se llega a crear hasta un lenguaje nuevo a raíz de este particular intercambio.

Un alemán muy español

Otto* y Mildred* se conocieron en un campamento en España cuando ella tenía 18 años. Él es alemán y ella española, de padre italiano. Se trataba de una actividad de intercambio cultural. Otto regresó a Alemania y ambos mantuvieron una relación a distancia. Un par de años después volvió a España para hacer una vida juntos en Madrid.

Mildred siente a su marido “más español” que ella, ya que se ha amoldado a las costumbres del país. Mejor aún: ha traído a su vida algunas costumbres prácticas, como lo que llama el “sistema alemán de hacer la cama” (tenderla solo con la sábana bajera y el nórdico en invierno, ahorrándose la sábana adicional) o la cena con pan y fiambres, con la que ambos son felices. Ella admira la formalidad de la cultura alemana y la seriedad a la hora del trabajo. españa_alemania_tamarindo_express

Ambos son muy abiertos a la gastronomía de otras partes del mundo y a los idiomas. Entre risas, Mildred confiesa que a veces inventa sus propios “palabros” en alemán, ya que considera que tienen sentido. “Uno dos palabras para construir una, como suele pasar con ese idioma, pero a veces acierto y a veces no”.

Para esta pareja, las diferencias provenientes de sus nacionalidades no implican conflicto. “Los problemas que pueden surgir entre ambos dependen más de nuestras personalidades”, explica Mildred. “Recuerdo que así era en mi casa. Mi padre es italiano y mi madre española, así que me he criado entre ambas costumbres e idiomas. Quizás, por eso, mi visión del mundo es más globalizada”.

 

Compañeros de aventuras 

Para Theo*, conocer a Alma* durante un día de piscina en Madrid –de la mano de una exnovia- fue una experiencia inesperada. Aunque este rumano viajero estaba acostumbrado a interactuar con personas de otras latitudes, nunca llegó a pensar que uniría su vida a la de una chica de un país tan lejano como Venezuela.

Su vida como inmigrantes los ha llevado a vivir en España y Francia, donde residen actualmente debido al empleo de Alma. Piensan trasladarse a Rumanía, donde Theo tiene una oferta laboral que les permitiría dedicarse a establecer un hogar y descansar durante un tiempo. El idioma no ha sido una barrera: Theo maneja el castellano de manera fluida y Alma ha ido aprendiendo algunas palabras en rumano. parejas_interculturales_rumanía_venezuela

Gracias a la vida con Alma, Theo define la cultura latinoamericana como alegre, cálida y familiar, aunque lo último implique que no solo te cases con tu pareja, sino con toda su familia. “En Europa somos más independientes, pero el hecho de que ambos estemos lejos de los nuestros hace que aún nos falte mucho por comprender sobre la dinámica familiar del otro”, explica Theo.

Alma comparte con Theo muchas de sus preocupaciones por su familia en Venezuela. Él ha visitado este país, al que define como encantador pese al mal momento que está pasando: “Es una nación muy joven en comparación con nuestra vieja Europa, quizás muy inocente”. Desea poder conocer la tierra de Alma más de cerca y no como lo ha hecho anteriormente en calidad de “guiri”.

Entre mandocas y migas

Eloísa* y Pepe* se conocieron a través de una red social. Llevan casi un año de relación que nació en la Pradera de San Isidro. Para ella, se trataba de su tercer año en las emblemáticas fiestas del patrono de Madrid; es oriunda de Maracaibo, ciudad ubicada al occidente en Venezuela. Él es un madrileño “de toda la vida” que ha quedado prendado de la alegría de la “maracucha”.

Ambos se divierten con las diferencias que existen entre un idioma común, el español. Son de buen comer y disfrutan de la cocina, por lo que ha Pepe ya ha probado las arepas venezolanas, las cachapas y las mandocas, un plato típico de la provincia de Eloísa. Ella se ha deleitado con las migas y otras preparaciones españolas gracias a las comidas organizadas por la familia de Pepe, que la ha acogido como un miembro más. comer_venezuela_españa_tamarindo_express

Él aún no conoce en persona a la familia de ella, aunque siempre que puede conversa con su madre por vídeo llamada. Esto le genera ansiedad a Eloísa, que se pregunta cómo será el momento en que tengan que compartir un mismo espacio. Por ahora, ambos han encontrado en sus particularidades una oportunidad para conocer otras formas de ver y saborear la vida.

Para Eloísa, el reto no está en tener una pareja que haya sido criada bajo otra cultura, sino en cumplir con la legalidad que le exige el país de acogida. “Creo que es a lo que se enfrenta todo inmigrante, especialmente quien desea poder traer a su familia a largo plazo”, confiesa.

*nombres cambiados a petición de los entrevistados.

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